Empezó como una prueba en Haití, en 2002, con clases que se emitían por radio. Poco a poco fue mejorando el sistema de aprendizaje hasta llegar a lo audiovisual, tal y como funciona hoy. Después de demostrar su capacidad educadora, fundaciones, municipios y hasta gobiernos nacionales y provinciales solicitaron el programa de alfabetización cubano “Yo, sí puedo”, para tener una alternativa ante la educación formal, que muchas veces no brinda respuestas efectivas. El proyecto, que se caracteriza por utilizar televisores y videos educativos para enseñar, llegó a la Argentina en 2003 y tres años después tiene más de 500 centros de alfabetización distribuidos por todo el país, unos 3500 participantes en la actualidad, más de 6000 graduados y unos 600 facilitadores, como se llama a quienes tienen la tarea de acompañar durante el aprendizaje al futuro alfabetizado. El “Yo, sí puedo”, creado por el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño (Iplac) de Cuba, ya se aplica en algunos barrios de la provincia de Buenos Aires y en Capital Federal, aunque su repercusión es mayor en provincias como Jujuy –donde Tilcara fue declarado “municipio libre de analfabetismo” a principios de este año– y en Santa Fe, única provincia que adoptó el programa de manera oficial. También se aplica en Chaco, Corrientes, Río Negro, Neuquén, Córdoba, Mendoza.

Se expandió casi en silencio, pero a paso firme. Con ese andar llegó, además de la Argentina, a México, Venezuela –país declarado libre de analfabetismo y tomado como caso ejemplar–, Bolivia, Ecuador y Paraguay, donde ahora lo están adaptando al guaraní. También cruzó la frontera latinoamericana y desembarcó en Nueva Zelanda, lugar donde el programa cambió su nombre por el de Green Life, y Africa. El “Yo, sí puedo”, destinado a personas mayores de 15 años, es un programa de alfabetización cubano que enseña a leer y a escribir a través de videos educativos –cada juego de videos contiene 17 películas–, donde una profesora virtual brinda los primeros pasos en el aprendizaje. Además se utilizan las cartillas, una especie de manual enviado por el mismo Iplac, que contiene el alfabeto, los números y distintas oraciones para que la práctica sea más sencilla y constante.

En total, son 65 clases repartidas en tres meses y medio. La disposición horaria depende de los participantes, o del grupo, en los que el cupo recomendable es de 15 personas. Los centros de capacitación pueden funcionar en capillas, casas particulares, comedores, bibliotecas populares, clubes, escuelas; cualquier lugar sirve mientras haya una videocasetera y un televisor, y una cartilla y un facilitador.

 El programa cuenta con varios coordinadores provinciales, cuatro coordinadores nacionales y diez asesores cubanos que viajan en grupo a los diferentes países, y de allí se reparten por provincias o municipios en los que se aplica el “Yo, sí puedo”, con el objetivo de supervisar las tareas de los grupos de enseñanza. Lía Salas es una de las coordinadoras nacionales y de las fundadoras de “Un mundo mejor es posible” (Ummep), organización que se formó para coordinar la implementación del programa en la Argentina y para monitorear los futuros centros de educación que se iban a abrir tras la llegada del método cubano al país, en 2003.